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Cuatro cuerdas y unos lentes oscuros

Puente tras puente y una hoja se queda atorada en la alcantarilla… Puertas de misterio, de zapatos sin pies, cuatro cuerdas y unos lentes oscuros, la retina se hunde bajo una ciudad de luces y el sudor sólo escurre por la frente de los espectadores, mascaras, lavamanos, barcos estrellándose contra aparadores, un hombre sin rostro, mujeres, negrura en las esquinas, pecho energizado, conciencia desconectada, pero al final, cuando la música termina todo se desvanece…

En mi recámara

Un día me acuesto hacia allá, otro hacia acá; Tan facíl que es pensar o tal vez no pensar, un grillo le canta a la ventana y yo, lo miro a través de un vaso relleno con palabras, palabras, palabras... y la noche se deshace en los astros y la luna cae en mis manos; aunque me cambie de lugar, aunque me siente, aunque me pare de manos o me cuelgue del techo, así es siempre , sin fin, sin retorno hasta que amanece y termino cerrando los ojos. Jesus Alberto Rodriguez Rivera.

Recuento de balacera en ciudad juarez

Es mucha la sangre en el suelo, se escuchan gritos, son órdenes de muerte, hay pólvora en los ojos; "estan cansados". Un hombre combate desde la azotea, alza la vista y jala del gatillo, fuego, arde el metal, se chamusca la carne y se convierte en humo, casquillos tapizan el asfalto, arrastran a dos hombres desechos frente al clic de las cámaras, alguien pide por su vida entre quejidos, el fuego es controlado y un esqueleto ennegrecido parece sonreír, las sirenas suenan demasiado tarde, ya no se puede salvar a nadie, y al final en youtube, la nota dice: “Recuento de balacera en ciudad juarez”.

Tocan a la puerta y no la abro

Es tarde, algunas luces entran y salen de golpe por la ventana entreabierta, el televisor encendido hace temblar las sombras que habitan el cuarto. A veces camino por calles que nunca terminan, atravieso el viento que se estrella en las paredes y dejo caer mis pasos tristes sobre profundos charcos de agua. A veces cierro los ojos y miro la cama vacía se arrastra la sabana hacia el rincón más oscuro del cuarto para después quedarse quieta y callada. Es tarde, algunas luces entran y salen de golpe por la ventana, tocan a la puerta y no la abro me quedo mirando las sombras que habitan el cuarto…

Hay noches

Hay noches donde el hastió se incrusta en los relojes, tan vacías que pareciera que el silencio del mundo se reúne en los sentidos De esas donde las lagrimas salen a gritos y lo tapizan todo de olvido. Emergen fantasmas rostros del pasado pequeños espectros de luz que al mostrar sus ojos palidecen. Noches donde el encierro se desliza sobre los poros como paladas de arena sobre una tumba sin fondo. Noches que lo ennegrecen todo.

El cenicero

En el último sorbo de aquel café apareces bailando y el café se diluye en mi garganta y bailas. El escaparate de enfrente muestra tu cuerpo desnudo sosteniendo mis ojos cerrados. El mantel esta seco y un adorno inmóvil hace sombra sobre el cenicero. Se abre y cierra la puerta automática: salen y entran gentes y las palabras flotan. Te pierdo de vista, te reencuentro hay un cigarro entre tus dedos, sonríes mirando distanciada el cenicero y el café se termina y las cenizas desechas se marchan rumorando.

Melancolia

Hojas enterradas de otoños anteriores, matices grises desprovistos de roció, roca degenerando en polvo, metal abandonado. La tarde inadvertida se adhiere al trasfondo del ocaso. Cuerpos enclenques cubren su muerte en paraguas negros. El Viento es lúgubre las ramas secas se resquebrajan, aves mudas vuelan en picada. Mirada absorta ceñida al piso. Palabras muriendo en restos de agua fría. Espejos que no reflejan la ausencia de una imagen marchita.